El Bosque de Pinos y las Infinitas Realidades

En esta ocasión, les voy a hablar sobre un lugar que siempre estuvo muy cerca, pero, al mismo tiempo, estuvo oculto ¿Recuerdan que yo nací en la ciudad entre las nubes y que de vez en cuando iba al Cañón del Faro y que luego, por un camino, a la izquierda de este, descubrí Ventiska y, cuando fui más allá, llegué a la catarata oculta? Sin embargo, nunca se me cruzó por la cabeza ir por el lado derecho del cañón del faro, ya que, desde ahí, solo se ve la ciudad, a lo lejos, y también chacras y algunos montes no tan llamativos.

Un día, unos amigos me invitaron a pasear en motocicleta cerca del Cañón del Faro. En total éramos cuatro: dos chicos, dos chicas y dos motocicletas. Salimos de la ciudad entre las nubes aproximadamente a las cuatro de la tarde, ya que solo nos tomaría entre veinte minutos a media hora poder llegar allí.

Yo llevaba en mi motocicleta a una amiga: Natalia, la conocía desde hace mucho y la había dejado de ver mucho tiempo. Sin embargo, esta vez la vida nos llevó a explorar por las montañas de alrededor. En la otra motocicleta iba Kike, un amigo que conocía hace poco, y Mayra, a quién solo conocía de vista.

Kike tenía una motocicleta con un motor de dos tiempos y diseño deportivo; además, contaba con unas llantas muy gruesas que pasarían sin problemas por cualquier tipo de terreno. Por ello, tenía mucha más potencia y, cuando salimos de la ciudad entre las nubes, empezó a ir por rutas alternativas al camino principal: él se metía por los montes de alrededor, saltaba los huecos en la superficie y subía y bajaba grandes pendientes. Rápidamente pude notar que tenía un espíritu de aventura y acción ¡Eso me agrado de él!

Mientras tanto, yo iba con Natalia por la ruta principal. Faltaba un par de horas para el atardecer y el cielo estaba casi despejado, solo había unas cuantas nubes. En el camino, recordábamos que, hace seis años, solíamos venir a menudo por ese camino hasta llegar al cerca del Cañón del Faro, luego girábamos hacia Ventiska y allí solíamos ir a conversar, tomar fotos y en ocasiones a caminar por los alrededores. Recordamos que, en el año 2014, fuimos a Ventiska en época navideña y hubo mucha neblina. Con ese paisaje, se nos metió la idea de tomar muchas fotos en blanco y negro, lo cual les dio un efecto fantasmagórico. Como dije en una entrada anterior ¡Que buenos momentos pasé en Ventiska!

Estábamos tan entretenidos en la conversación, que no sentimos el tiempo del viaje y, ahora, ya estábamos muy cerca del cañón del Faro. Fue entonces cuando Kike se nos adelantó y nos hizo señas con las manos para ir por un camino hacia la derecha. Le hice caso y lo seguí.

Avanzamos unos trescientos metros, y el camino iba volviéndose más difícil. Cada vez había un poco más de huecos, de montes y obstáculos en general. Llegamos a una parte donde teníamos que descender, a modo de atajo, por un camino de montaña, que no formaba parte del camino principal: por donde iban las motocicletas.

 Para una motocicleta de enduro, ese camino era algo muy fácil, así que Kike lo paso sin ningún problema. Yo me dispuse a cruzar esa parte y Natalia se asustó un poco y me dijo:

  • Deniked ¡mejor bajemos de la moto y crucemos empujándola!
  • No te preocupes ¡cruzaremos sin problema!

Hice sufrir un poco a la motocicleta, pero logré cruzar sin problemas. Kike nos esperaba con Mayra en la parte baja y nos dijo: ¡Sígannos!

Delante de mi veía a Mayra y a Kike correr a gran velocidad y cruzando hábilmente por el escabroso terreno. Cerca de allí, se podía observar muchos pinos que habían sido plantados por los lugareños del cañón del Faro y unas cuantas banquitas de madera con un acabado rústico. Pronto cruzamos esa parte y entramos en un camino de herradura.

Ahora se veían los arboles muy cerca de nosotros, un par de metros cuando menos, sus ramas colgaban en el camino. Estábamos descendiendo y , a veces, las raíces gruesas de los arboles sobresalían en el camino ¡Había huecos! Y también pequeñas piedras.

Redujimos un poco la velocidad, ya que estábamos yendo muy rápido, me quité el caso, porque sentía que me asfixiaba y lo llevaba colgando de un brazo. Por ello, por momentos, algunas ramas me chocaban en la frente y lo mismo para Natalia. Era emocionante estar, prácticamente en medio del bosque, rodeado de árboles coposos y ramas largas atravesándolos rápidamente por un camino sinuoso y extraño; siendo un misterio lo que teníamos por delante, ya que, los árboles y la pendiente, cubrían la parte delantera y la extraña forma del camino hacia impredecible saber a dónde llegaríamos. Bueno, al menos para mí, ya que era la primera vez que iba por ahí.

Ciertamente, en ese momento sentí muchas cosas y dije: ¡De eso se trata vivir! ¡De habitar el mundo y recorrer hasta el último rincón que podamos! Un sentimiento de aventura, complicidad y ternura con la naturaleza pronto empezó a surgir. Recordé que había dejado de practicar Parkour. Un arte que te ayuda a recuperar ese instinto animal que hemos perdido por vivir alejados del campo.

Parkour significa: “El arte del desplazamiento” aquí entrenas tu cuerpo para desplazarte de manera fluida a través de los obstáculos, ya sea en la ciudad o en la naturaleza. Me agrada practicarlo en ambos, pero más en la naturaleza, ya que, de algún modo, me hace sentirme unido al alma del mundo.

Imaginen la siguiente escena

Un mono en lo profundo del bosque. Este se desplaza con gran precisión y gracia a través de las ramas. Para él ¡Es muy fácil! De pronto ¡Incrementa la velocidad! No sabe a dónde quiere ir ¡Simplemente se deja llevar! Mientras sucede todo esto, Los rayos del sol atraviesan la copa los árboles, el refrescante viento golpea suavemente los troncos y las ramas de los árboles. El mono tiene un mar de sensaciones: el calor del sol; el refrescante viento; la rugosidad de las ramas que tocan sus manos, el olor de las hojas, el zumbido de las abejas, el cantar de los pájaros, la flexibilidad de su cuerpo ¡el sabor del bosque! El mono esta tan íntimamente unido al bosque que rebosa de alegría y se pierde en sus instintos mientras “danza” en medio de los árboles. ¡Esa es la alegría de vivir y estar unido al alma del mundo! ¡La plenitud de estar vivo!

Practicar Parkour, en medio de la naturaleza, muchas veces, me hizo sentir todo esto y también lo sentí, mientras descendía en la moto con mis amigos.

Ya habíamos avanzado una distancia considerable, cuando, de pronto, Kike se detuvo

  • Esta parte parece difícil de cruzar, es mejor que bajemos de las motos y crucemos empujándolas- dijo
  • Está bien, igual no me hubiera atrevido a bajar montado en la moto jajá-respondí

Teníamos delante una pendiente muy pronunciada y además con grandes irregularidades. Kike empujo su moto y Mayra bajó dando pequeños saltos entre las rocas. Ahora Natalia y yo bajamos de la moto y, con mucho cuidado, empuje la moto mientras descendía la escabrosa pendiente. Al cabo de un momento ya estaba en la parte baja junto con Kike, Mayra y Natalia.

Nuevamente subimos a las motos y continuamos el camino. Ahora ya no había tanta pendiente, pero si pequeños troncos en el suelo. Delante se veía la copa de muchos árboles y debajo se notaba un tanto oscuro. Kike y Mayra cruzaron a gran velocidad, las ultimas ramas que nos tapaban la vista y; detrás, veníamos Natalia y yo para cruzar las ultimas ramas del mismo modo.

De pronto, se notó un cambio de escena, una ligera oscuridad cubrió nuestra vista. La motocicleta perdía algo de velocidad; mientras Natalia y yo, con los ojos hacia arriba, observábamos la copa de innumerables arboles de pino. El suelo parecía un colchón, ya que había una gruesa capa de hojas de pino que cubrían ¡Todo! Yo calculo que había unos diez centímetros de hojas secas que habían caído. Al cabo de un momento, ya era difícil avanzar en la motocicleta, debido al peso y a la capa de hojas; por ello, Natalia y yo bajamos de la moto para continuar caminando.

Unos metros más adelante estaba Kike y Mayra que no tenían problemas para abrirse paso en el bosque de pinos, ya que su motocicleta justamente estaba diseñada para estos terrenos.

Era muy divertido pisar ese suelo acolchonado ¡Podría haber dormido allí! Avanzamos hasta el corazón del bosque y estacionamos las motos.

Los pinos tenían pequeñas ramas que salían a lo largo de su tronco ¡Parecían púas gigantes! Kike escalo un poco un árbol, ya que podía tomar las ramas como punto de apoyo. De tal manera, que parecía que estaba escalando el tronco, mientras clavaba ramas dentro de él. Escaló hasta cierta altura y luego saltó nuevamente a la superficie. No había ningún problema, ya que el suelo era muy suave.

  • Oye Deniked, porque no intentas uno de tus saltos mortales aquí ¡El suelo es muy suave! – Dijo Kike
  • No lo sé, No he estado entrenando Parkour, de la forma correcta, últimamente
  • ¡Vamos inténtalo!
  • Dejémoslo para otra ocasión; además, antes de hacer saltos mortales, necesito mínimo diez minutos de calentamiento.
  • Bueno, ¡Está bien!

Entonces, empecé a caminar por el bosque ¡Quería impregnarme de su espíritu! Observaba los peculiares colores que tenía: tanto el suelo, como los árboles. Al ver hacia arriba, parecía un cielo cubierto de telarañas o quizá se asemejaba a la geometría fractal o como un vidrio a punto de romperse. Al ver el suelo, note curiosos hongos, con un color otoñal, que crecían juntos en una parte del bosque. No sé por qué, en ese momento, recordé a los pitufos y cosas que había leído sobre las hadas, los duendes y los gnomos.

Luego, los cuatro amigos, fuimos a la orilla del bosque, que tiene una vista hacia las montañas del frente, y nos sentamos para charlar y descansar un poco.

Nos sentíamos relajados y en paz, quizás era el espíritu del bosque que te envuelve y te hace sentir cómodo. El sol se tornaba tibio y nos abrigaba mientras hablábamos de muchas cosas y mirábamos al horizonte

  • Dicen que más abajo, en la montaña del frente, hay una cascada- dijo Kike
  • ¿En serio? – dijo el resto
  • Sí, me parece que es esa linea blanca que se ve desde aquí, es el agua que cae abajo, pero parece que en esta época no esta tan fuerte
  • Algún día me gustaría ir, si se da la oportunidad- respondí

El atardecer ya estaba iniciando; por ello, decidimos que ya era hora de regresar, pero no volveríamos por el mismo camino, sino que lo haríamos cruzando el bosque y subir un monte para salir así en el extremo derecho del cañón del Faro.

Kike y Mayra subieron rapidez gracias a la buena potencia de su motocicleta. Natalia y yo íbamos a pie, acelerando la moto. Nos tomó largo rato hasta que por fin llegamos a la cima. Entonces, decidimos descansar y dejar las motos por un momento.

Estábamos en el extremo derecho del cañón del faro ¡Teníamos una vista impresionante! Las montañas del frente y algunas hileras de agua resbalándose sobre ellas !Esta es una zona de cataratas! Parecían pequeñas debido a que nos encontrábamos a gran distancia. Sin embargo, deben tener un tamaño considerable. Algún día espero ir a explorar a las montañas que están frente al Cañón del Faro, ya que se ven muchas cataratas, bosques oscuros de pino y nubarrones por doquier.

El atardecer estaba iniciando y el cielo tenía ese peculiar color de un atardecer de cuentos. El cielo estaba muy anaranjado con pequeños toques de violeta. Los cuatro amigos recorríamos el Cañón del Faro teniendo una vista impresionante: al lado derecho, el profundo cañón y; más allá, las montañas con cataratas y bosques; al lado izquierdo montañas y bosques de pino y encima ¡Ese cielo de fantasía! Continuamos hasta que salimos del Cañón del Faro por un camino alternativo para no pasar por el camino oficial, sino nos cobrarían el costo de la entrada.

Así, paso un grandioso día en el que conocí un hermoso lugar que siempre había pasado desapercibido. Me gusta la belleza oculta, esa que no notamos al llegar, sino que se deja descubrir. Entonces pensé, ¿Cuántos lugares así habrá alrededor de la ciudad entre las nubes? ¡Tengo que explorar todo con mi motocicleta y usando Parkour! ¿Cuántas aventuras me esperan? Desde entonces, decidí convertirme en una especie de “cazapaisajes”; Es decir, alguien que descubra lugares ocultos y hermosos y ;por otro lado, también me gustaría transcribir lo que veo y siento a través de mis escritos. También se me ocurrió elaborar un mapa con un estilo vintage que contenga la ubicación de todos esos lugares misteriosos alrededor de la ciudad entre las nubes. Primero espero reunir como mínimo ¡Diez lugares! y empezar la elaboración del mapa.

Con el pasar del tiempo, A veces regresaba al bosque de pinos a contemplar su belleza. Y me di cuenta que imaginaba mundos y realidades mientras estaba allí. En otra entrada, expliqué como la imaginación está en el centro de nuestra naturaleza, y como el hecho de inventar sueños, mundos e historias va descongelando tu mente y haciendo brotar la energía y poder dormido que tenemos todos. 

La imaginación trasciende el tiempo y el espacio y es capaz de crear infinitas realidades e historias. Además, es capaz de revelar una realidad o, dimensión de la realidad, que otros desconocían. Por ejemplo, un fotógrafo, que ve la realidad de una manera, usa su imaginación para calibrar en su cámara la luz, el enfoque, la velocidad del obturador, el balance blancos, los ruidos, etc. Para así traer una realidad que los demás desconocían.

Es por eso que, al ver el arte de la fotografía, podemos quedarnos maravillados y ver la hermosura de la realidad ¿Qué especie de magia tiene esta foto? ¡Podría pasar horas mirándola! ¡Estos detalles! ¡Pasé muchas veces por allí y nunca los noté!

El fotógrafo vio algo en la realidad que los demás no veían y por medio de la imaginación y el arte lo trajo a la existencia. Cada fotografía, Cada estilo ¡Es un mundo! ¡Cada fotógrafo! Lo mismo pasa para un músico, un pintor, un escritor. La imaginación hace que los artistas traigan a la existencia realidades que los demás desconocían. ¡Qué sería del mundo sin la imaginación! Como dijo Dostoyevski:

“La belleza salvará el mundo”

Así, mientras iba camino al bosque de pinos, imaginé esa realidad donde estaba el mono en medio del bosque unido al alma del mundo. Me gustaría un d´´ia poder dibujarlo y que el dibujo muestre todas esas sensaciones que les narré.

En otra ocasión que fui, me puse a observar el suelo muy de cerca y nuevamente encontré esos hongos. Y, al fijar mi mirada en ellos, pude notar mejor sus colores, sus manchas y sus formas. Pude maravillarme por ver la realidad de otra manera. De pronto, imaginé todo un mundo y criaturas pequeñas que viven en esa escala de tamaño. Y el mundo, desde esa escala, ¿Cómo sería? Os lo dejo a su imaginación, pero desde ese día me tomé el trabajo de hacer un fotomontaje poniendome al tamaño de un hongo.

Observen esa imagen y díganme ¿Qué les transmite?

¿Cómo creen que se verían las estrellas desde ese tamaño? ¿Cómo se verían las rocas, hiervas y animales? ¿Cuántos lugares así habrá por descubrir? Y si no hay ¿Cuántas realidades más por inventar?

¡La imaginación es infinita!

¡Podemos crear infinitas realidades! Y esto es el potencial de la humanidad, ya que la imaginación puede despertar esas habilidades latentes que tenemos todos y podríamos realizar cosas extraordinarias.

Hasta aquí dejo la entrada de hoy. Espero que hayan disfrutado esta aventura y se atrevan a despertar su imaginación y traerle color al mundo.

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