La Catarata Oculta

Antes de leer este relato corto de viajes y aventura recomiendo leer:

https://denirin.com/ventiska-y-hacia-lo-desconocido/

Se acercaba el día en el que iría a la catarata oculta. Era la primera vez que iba a ir y no tenía idea de cómo sería el camino a través de las montañas. Recuerdo que era diciembre y le dije a algunas personas para ver si se apuntaban al viaje. Muchos dijeron que sí, pero al final solo un amigo confirmó. Cuando esto pasó, sin mucha organización, decidimos ir al día siguiente.

Amaneció y el cielo estaba celeste y con muy pocas nubes. El sol se sentía tibio, eran las siete de la mañana. Me tomé un jugo de frutas y un par de sándwiches como desayuno, luego puse muchas frutas y agua en mi mochila. Alisté la cámara y subí en mi motocicleta a recoger a JC, mi amigo. Llegue a su casa y salió sin desayunar y con algunas frutas en su mochila.

  • ¿Estás seguro de ir sin desayunar?
  • Sí, vamos rápido, porque puede que a mis padres no les guste la idea de que vaya a una montaña desconocida y tal vez se pueda comer algo en el caserío del que me hablaste
  • ¡Buena idea!

JC y yo subimos a la motocicleta e íbamos por el camino serpenteado. Descendíamos a los valles y a tierra de cataratas. Maneje alrededor de una hora, el viento era fuerte y chocaba contra nosotros. El ambiente se sentía cada vez más cálido, nos encontrábamos en la parte inferior de las montañas. Se veían empinadas e imponentes. Unos cien metros antes de llegar al caserío pude notar el punto donde se cruzaban los dos ríos. (detalle en “Hacia lo Desconocido” parte 1)

Cuando por fin llegamos al caserío, husmeamos un poco para ver si había un camino accesible hacia la montaña. Tardamos unos minutos hasta que encontramos uno.

  • ¡Deniked! ahora busquemos algo de comer, me parece haber visto una tienda en la entrada
  • Ok vamos, también tengo algo de hambre.

Llegamos a la tienda y nos atendió una señora muy amable. JC se tomó un café y algo de pan, luego compramos dos botellas de agua grandes y algunas manzanas. Le contamos a la señora la aventura que queríamos hacer y nos dijo que había muchas cataratas en esa zona y que podíamos dejar la motocicleta en su casa mientras subíamos la montaña. Le agradecimos y le prometimos mostrarle las fotos cuando regresemos.

La aventura estaba por iniciar. Eran las nueve y media de la mañana. Nos echamos bloqueador en la cara, el cuello y los brazos, porque el sol estaba muy fuerte y dimos los primeros pasos en la base de la montaña. El camino era empinado y había muchas ramas y partes difíciles, pero no nos dimos por vencidos. Pasaron alrededor de veinte minutos y sentíamos que habíamos escalado mucha altura. Desde allí podíamos ver el caserío y el punto donde se encontraban los dos ríos, pero al verlos no parecían estar tan lejos, quizá era una ilusión de la altura o nuestros sentidos estaban algo desfasados. Aprovechamos para comer unas manzanas y tomar algo de agua mientras contemplábamos el paisaje. En ese momento notamos una figura entre los arbustos unos cien metros arriba de nosotros

  • oye JC ¿Qué es eso?
  • Parece un caballo y un hombre caminando a su lado
  • ¡Si! Me da un poco de miedo

El hombre y su caballo se iban acercando. Iba solo con pantalón y llanques, era moreno y venia masticando coca ¡Tenía músculos en los músculos! Brazos anchos y bronceados. Se notaba que era muy fuerte y pasaba todo el día trabajando. Venía con un machete en una mano y en la otra una soga con la que guiaba a su caballo, ya que era una zona empinada y era difícil estar montado.

  • Tiene cara de malo, cuando llegué nos va a cortar con su machete jajaja- dijo JC
  • Jajajaja ¡uy sí! –  le dije

Cuando llegó a nuestro lado solo nos saludó amablemente y continuó su camino.  Solo nos reímos de eso y continuamos subiendo la montaña. Terminamos la parte empinada y estábamos en un camino más llano. Veíamos cultivos de fresas y guayaba. Y cerca de ahí una casita rustica de adobe y palos. Había pasado alrededor de una hora desde que empezamos a subir la montaña y me sorprendió encontrar personas viviendo en un lugar tan alejado y difícil de llegar. Ya habíamos gastado la mitad del agua que llevábamos y llamamos en el cerco alrededor de la casita para pedir que nos regalen un poco de agua, pero nadie salió, solo se escuchó el ladrido de los perros que cuidaban la casa.

Continuamos nuestro camino y se veía nuevamente un monte empinado que teníamos que escalar. Había troncos y barro en la subida. Ya se nos notaba el desgaste físico, nos quedaba poca agua y las frutas ya las habíamos terminado. Entonces nos arrepentimos de no haber traído fiambre y más agua, en general de no venir mejor preparados. Si bien en un inicio calculamos que en dos o tres horas llegaríamos, pero la realidad era otra ¡Estábamos mal! No teníamos ni idea de cuánto nos faltaba.

 Eran las doce y media del día, hace tres horas que veníamos subiendo la montaña, el suelo estaba fangoso, teníamos que ir saltando de piedra en piedra. Yo me adelante un poco para ver si ya se podía ver la catarata. JC estaba más cansado, venía con bividí y sus brazos estaban rojos por el sol y apenas podía caminar. Yo seguí caminando y llegué nuevamente a la parte alta y para nuestra sorpresa no se veía ninguna catarata, sino otro monte empinado que escalar. Ya iban como cinco o seis montes que escalábamos y no veíamos la hora de poder ver la catarata.

Espere unos diez minutos y juanca no aparecía, pensé que se había desmayado por el esfuerzo así que baje corriendo y me lo encontré enseguida venia feliz con una bolsa llena de plátanos.

  • ¿Y esos plátanos?
  • Cuando te adelantaste escuche un ruido. Era como un quejido y miré alrededor y, a lo lejos, otra casita rustica y un hombre alzando las manos. Entonces pensé que me estaba saludando y le dije hola mientras movía la mano y seguí caminando. Pasaron cinco minutos y el hombre se apareció por detrás. Era mudo y venía con la bolsa de plátanos y me hizo señas diciendo que me las regala ¡Imagínate! y sin que se lo pidiera. Y justo con el hambre que tenemos.
  • ¡Genial! Nos cayó como anillo al dedo

Comimos tres plátanos cada uno, descansamos un poco y recuperamos algo de fuerza. Continuamos y escalamos el ultimo monte que había visto y seguimos por cuarenta minutos hasta que encontramos una pequeña catarata. No era la que había visto, sino otra más pequeña. El agua se notaba muy limpia así que llenamos nuestras botellas y saciamos nuestra sed. El paisaje era impresionante. Si giraba mi cabeza una vuelta completa, solo veía enormes cerros verdes que me rodeaban. Además, varios hilos blancos adornaban las montañas. Eran pequeñas chorreras que resbalaban y caían hacia el rio que estaba muy abajo. No sé porque en aquel momento imaginé enormes aves, nidos con huevos, y mucho viento.

  • ¡Continuemos!
  • ¡Si! No hay que distraernos mucho.

Caminamos un poco más y encontramos una tranca de madera que estaba rota y justo después una especie de cuevas poco profundas. Había pequeños montículos de piedra negra fuera de la cueva. Entonces recordé lo que me conto mi tío sobre este lugar. ¡Era carbón! ¡Por la barba de Muradin! ¡estábamos en las minas de carbón! Te manchabas si tocabas las piedras. Jugamos un rato con las piedras y seguimos el camino. Me hubiera gustado quedarme un poco más, pero debíamos darnos prisa. Al continuar encontramos un pequeño puente y debajo pequeños pozos. Dedujimos que en tiempos de lluvia por ahí pasa agua que más abajo se vuelve una pequeña catarata. En un inicio pensé que esa era la catarata por la que habíamos escalado, pero luego me di cuenta, gracias a unas marcas en los cerros, que esa no era, sino la siguiente que se veía no muy lejos de ahí.

Continuamos el camino, eran las dos de la tarde, y ya casi llegábamos a la cima de la montaña. Escalamos una colina mientras veíamos el agua caer no muy lejos de allí hasta que nos topamos con una parte inaccesible. Se veía un precipicio. El agua caía unos setenta metros y luego corría abajo llenando parcialmente lo que sería el recorrido de la catarata. Era como un pequeño rio en la cima de la montaña. Saque el trípode y la cámara y tomamos algunas fotos. Note que no había camino para llegar justo donde estaba el agua. Sin embargo, se podía abrir uno, pero desde la parte baja, antes de subir la colina, pero ya estábamos muy cansados y ya no podíamos seguir y tampoco teníamos un machete para abrirnos camino. Teníamos que dejarlo para otra ocasión.

  • ¡Rayos! No pudimos llegar, pero la pasamos genial- le dije a JC
  • ¡Si! No pensé que el camino fuera tan duro, para la próxima hay que venir más preparados y entonces podremos llegar a la catarata que quieres conocer
  • ¡Está bien!  Ahora tenemos que regresar ya son casi las tres de la tarde. Han pasado cinco horas y media desde que salimos.
  • Sí ¡vámonos!

Empezamos a descender de la montaña. Solo nos tomó tres horas volver, ya que era de bajada. Llegamos a las seis de la tarde. Estabamos muy sucios y cansados. Comimos en la tienda donde deje encargada la motocicleta y luego regresamos a la ciudad. En el camino de regreso, nuestros celulares empezaron a recibir cobertura. JC notó treinta llamadas perdidas de su mamá. Se puso rojo y muy nervioso por miedo a lo que le dirían, ya que salió sin permiso.

Al llegar dejé a JC en la esquina de su casa y regresé a la mía. A JC le gritaron y lo castigaron y también le dio fiebre por todo el desgaste físico. Mientras yo solo estuve con un poco de insolación. Esta fue la primera vez que trate de llegar a la catarata oculta. Si bien no llegué, pero ya tenía una idea del camino y del tiempo y de las cosas que necesitaba llevar.

Mi universidad quedaba en una ciudad muy lejana y pasaba la mayor parte del año allí, solo volvía a «La ciudad entre las nubes» dos veces por año unas dos o tres semanas. Así pasaron tres años hasta que tuve nuevamente la oportunidad de tratar de llegar a la catarata oculta. Esta vez no fui con JC, sino con Fefe: otro amigo aventurero.

En esta ocasión tenía experiencia con el viaje. Por ello, le dije a Fefe que se preparará un buen fiambre, frutas y agua, porque íbamos a caminar mucho. Quedamos en ir un día sábado. Me encargué de darle mantenimiento a la motocicleta y hacer todos los preparativos hasta que llegué el día.

El día llegó y recogí a Fefe de su casa e hicimos el mismo recorrido que hice hace tres años. Esta vez encargamos la motocicleta en una nueva tienda que encontramos. Y Subimos hasta el punto donde encontramos el pequeño puente.  Había más agua que la última vez y se formaban pequeños pozos por debajo. Estabamos cansados de subir la montaña y apenas eran unos minutos más del medio día

  • ¡Oye Deniked! ¿Qué dices si nos damos un chapuzón?
  • ¡Qué más da! Necesito refrescarme

Nos metimos al pozo en ropa interior ¡El agua estaba Helada! Y empezamos a chapotear y a zambullirnos. Al principio sentía frio, pero luego me atemperé al agua y mientras jugaba con mi amigo. Era como si algo observara dentro de mí o yo era ese algo que estaba observando: Y solo veía a Deniked feliz jugando como un niño con su amigo. Esto me pareció muy especial y relajante. Me sentía pleno, ligero y vivo como si me perdiera en mí mismo ¿Qué era ese misterioso estado del ser?

Pasados un par de minutos mi conciencia volvió a la cotidianidad. Fefe y yo salimos del agua y nos cambiamos y seguimos el camino. Faltaba muy poco, ya sabía que no debía escalar la última colina. Entonces le dije que nos abramos camino por una zona llena de arbustos. No llevamos machete, no lo olvidamos solo no encontramos a nadie que nos preste uno y al final no nos importó. Fue algo difícil abrirse camino solo con las manos, pero solo era un pequeño tramo, luego de eso no lo necesitaríamos.

Terminamos de cruzar la parte montañosa y sin camino y dimos un salto a lo que parecía un rio con poco caudal. Lo primero que hicimos fue gritar muy fuerte celebrando el hecho de llegar.

  • ¡Yahooooooooo!

 Por fin estaba tocando el agua de la catarata que me había deslumbrado unos años antes. La superficie estaba hecha de rocas grises y amarillas. Había pequeños pozos con una circunferencia casi perfecta y el agua era de un color marrón oscuro. Se veía negro en las partes profundas. Era muy emocionante y peligroso a la vez. Era el lugar perfecto para aplicar el parkour e ir saltando por las partes secas. Era impresionante, nunca había estado en un lugar así. ¡Los colores! ¡la textura! El agua resbalando y los saltos que debíamos dar, a veces de una altura considerable que no muchos se atreverían a hacer. Continuamos el recorrido y cada vez se hacía más difícil. ¡Los pozos eran más profundos! Los saltos que dábamos eran más riesgosos. El suelo se hacía resbaloso, pero aun así continuamos hasta que nos topamos con una caída de agua de unos treinta metros. Para poder cruzarla necesitábamos trepar hacia los costados y abrirnos camino. Al ver todo desde ese punto concluimos que se podía hacer, pero nos tomaría una hora y algo más. Eso suponiendo que no había otra zona inaccesible más adelante. Decidimos volver en otra ocasión, pues ya casi nos encontrábamos al límite y ya se estaba haciendo tarde.

  • Aunque no llegamos exactamente a la caída fue un viaje genial- dijo Fefe
  • Si la pasé muy chévere e hice un gran avance respecto a mi viaje anterior. Ahora sé que necesito más tiempo, velocidad, comida nutritiva, sogas y machete. ¡La próxima tiene que ser! ¡No me daré por vencido!

Fefe y yo descendimos con facilidad. Tomamos una jarra de limonada helada en la tienda donde encargamos la motocicleta y volvimos sin ninguna novedad a la ciudad. En el camino sentía un gusto interior de haber conocido nuevos lugares, de haber estado en un lugar tan extraño donde quizá nadie había puesto un pie, ya que era una zona virgen.

Han pasado dos años desde que intente ir por segunda vez a la catarata oculta. Y estoy planeando ir una tercera vez. Ahora nos encontramos en pandemia por el coronavirus y no sé si Juanca o Fefe estén disponibles para ir otra vez. Sin embargo, planeo organizar todo el viaje cuando las medidas sanitarias por la pandemia se levanten y pueda viajar libremente en mi motocicleta.

Los dos primeros intentos los hice hace ya bastante tiempo y he perdido la mayoría de las fotos de esas ocasiones. Sin embargo, he podido recuperar algunas. Así que haré una sección de fotos y videos de los primeros intentos en ir a la catarata oculta. Y prometo que en el tercer viaje si tomaré fotos de los lugares importantes y no las perderé de nuevo. Así queda pendiente una aventura.

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